El artículo recuerda un episodio diplomático ocurrido en 2007 durante un encuentro en Sochi entre Angela Merkel y Vladimir Putin. La entonces canciller alemana, quien padece fobia a los perros tras haber sido atacada por uno en su juventud, debió mantener la compostura cuando el labrador de Putin, Koni, se acercó a los asistentes. Merkel denominó este suceso como una maniobra canina de poder, a pesar de las disculpas posteriores ofrecidas por el mandatario ruso. La autora utiliza este recuerdo histórico para contrastar la figura de la exlíder alemana con el escenario político actual, mencionando la reciente reacción de Merkel ante el avance electoral de Alice Weidel y el partido AfD, ante lo cual expresó sentir un profundo pesar.
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