El laurel, tradicionalmente valorado en la gastronomía, posee una carga simbólica histórica asociada a la prosperidad, la victoria y la protección. En la actualidad, diversas personas adoptan la práctica de sumergir una hoja de esta planta en un recipiente con agua y ubicarlo en sus viviendas. Esta costumbre se fundamenta en la creencia de que dicha combinación favorece la renovación de las energías del entorno y promueve un estado de bienestar general. Asimismo, esta técnica encuentra puntos de contacto con principios del Feng Shui, disciplina que interpreta al laurel como un elemento vinculado a la abundancia, mientras que el agua es vista como un símbolo de purificación y transformación constante del espacio doméstico.
Source : La Nación
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