En Estados Unidos, la gestión de visados ha evolucionado desde su origen en las cuotas migratorias de principios del siglo XX hasta consolidarse como un instrumento de influencia geopolítica. Históricamente, estas medidas buscaban regular el flujo de extranjeros tras la Primera Guerra Mundial, pero en la actualidad, el Departamento de Estado emplea la restricción de permisos de entrada para condicionar decisiones judiciales y fomentar la cooperación en seguridad con diversas naciones. Aunque el fenómeno es analizado frecuentemente bajo la administración de Donald Trump, el texto subraya que esta táctica de presión diplomática no es exclusiva de su gestión, sino que forma parte de una estrategia recurrente utilizada por Washington para ejercer influencia sobre las políticas internas de otros países, especialmente en el contexto latinoamericano.
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