El reciente terremoto de 7,7 grados que afectó a la península de Azuero, en Panamá, no provocó fallecimientos, marcando una diferencia notable respecto a eventos sísmicos previos en la región. Aunque el presidente José Raúl Mulino decretó el estado de emergencia debido a la magnitud de los daños materiales, que incluyen cientos de viviendas, escuelas y centros de salud afectados, el saldo humano fue limitado a 27 heridos leves. Expertos atribuyen esta capacidad de respuesta a la implementación de estrictas normas de construcción sismorresistente en el país. Asimismo, la ubicación del epicentro en una zona de baja densidad poblacional contribuyó a evitar una catástrofe mayor. Este suceso ha generado un debate sobre el nivel de preparación y la infraestructura necesaria en otras naciones latinoamericanas ante eventuales movimientos telúricos de gran escala.
Source : El Comercio (EC)



