Durante la década de 1960, las rutas montañosas entre Baños y Riobamba presenciaron constantes enfrentamientos violentos derivados de las restricciones impuestas por el Estado ecuatoriano a la producción de aguardiente derivado de la caña. Los agentes estatales, conocidos como guardas de estancos, estaban autorizados a actuar con armas de fuego ante cualquier indicio de infracción para frenar el contrabando. Paralelamente, redes de transporte clandestino utilizaban mulas y senderos ocultos para distribuir las bebidas elaboradas en instalaciones clandestinas en zonas boscosas. Este escenario propició enfrentamientos cotidianos en un contexto de escasa difusión mediática, configurando una dinámica en la que parientes enfrentados representaban tanto a la autoridad fiscalizadora en Chimborazo como a los propios infractores que eludían la persecución gubernamental.
Source : El Comercio (EC)


