Durante la tercera década del siglo pasado, el panorama artístico global experimentó una transformación significativa impulsada por el movimiento surrealista. Salvador Dalí emergió como una figura central, desafiando las convenciones estéticas tradicionales y el conservadurismo imperante de la época. Su enfoque permitió que la pintura moderna se convirtiera en una herramienta para interpretar y cuestionar la realidad social del siglo XX. Los artistas de aquel periodo rompieron con los esquemas visuales establecidos, transformando la creación artística en un ejercicio reflexivo que buscaba nuevas perspectivas. Un hito relevante en la trayectoria de Dalí ocurrió en 1938, tras su reunión con Sigmund Freud en Nueva York, momento en el cual el pintor comenzó a reevaluar su propia identidad artística y su papel dentro de esta vanguardia que redefinió los límites de la expresión plástica.
Source : La Razón (BO)


