El gobierno iraní rechazó las conclusiones presentadas por la relatora especial de Naciones Unidas, Mai Sato, quien señaló un aumento en la represión, detenciones y ejecuciones de disidentes en Irán aprovechando la inestabilidad regional. Esmaeil Baqaei, portavoz de la cancillería iraní, calificó el informe como una herramienta con motivaciones políticas impulsada por el Reino Unido. Según el funcionario, el documento busca desviar la atención de las acciones cometidas por Estados Unidos e Israel en la zona. Baqaei sostuvo que utilizar la figura de la relatora para responsabilizar a Teherán constituye un esfuerzo deliberado por ocultar las atrocidades y las sanciones unilaterales impuestas por Washington y Tel Aviv. La administración iraní mantiene así su postura crítica frente al escrutinio del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
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