El artículo reflexiona sobre la famosa sentencia atribuida a Mark Twain y Benjamin Disraeli respecto a la veracidad de las estadísticas. La autora utiliza como eje central el caso de Margaret Thatcher, cuya enfermedad de Alzheimer fue diagnosticada años después de su mandato. A partir de este hecho, se examina cómo surgieron especulaciones infundadas que intentaron vincular su deterioro cognitivo con decisiones políticas pasadas, específicamente el hundimiento del ARA General Belgrano durante el conflicto de las Malvinas. La pieza subraya la tendencia humana a crear narrativas distorsionadas para explicar eventos complejos, señalando que tales acusaciones carecían de sustento temporal y lógico, siendo rápidamente desestimadas incluso por sectores opositores en el Reino Unido. En definitiva, el texto advierte sobre los peligros de utilizar la condición humana y la enfermedad como herramientas para el debate político o la desinformación.
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