La ciudad china de Jingdezhen, reconocida recientemente como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, mantiene viva su herencia alfarera. Este enclave, famoso por ser el origen del caolín, transformó sus técnicas artesanales en una potencia industrial que abasteció al mundo durante siglos. Desde la dinastía Ming, sus hornos produjeron piezas de alto valor que fueron distribuidas globalmente mediante las rutas marítimas de la seda y el galeón de Manila. En la actualidad, la localidad combina talleres familiares que preservan métodos ancestrales con nuevos espacios dedicados a la expresión artística contemporánea, consolidándose como un centro de formación para creadores y un referente histórico fundamental en la manufactura de porcelana.
Source : ABC Color
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