La autora reflexiona sobre cómo los espacios públicos, específicamente los centros culturales y las salas de cine, funcionaron como un refugio emocional durante su juventud. Al recordar su experiencia tras el retorno de la democracia en Argentina, destaca la importancia de instituciones como el Teatro San Martín y el Centro Cultural San Martín. Estos lugares no solo ofrecían actividades artísticas, talleres y exposiciones, sino que también brindaban un entorno seguro y acogedor para los adolescentes. En particular, la Sala Lugones es mencionada como un punto de encuentro clave, donde las funciones cinematográficas gratuitas al mediodía permitían a los jóvenes encontrar un espacio de pertenencia y resguardo frente a la soledad cotidiana. Esta perspectiva subraya cómo el acceso a la cultura puede transformar la percepción de lo público en un ámbito de protección personal.
Source : La Nación
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