La crianza ejercida por los progenitores constituye el factor determinante en la formación del temperamento, la personalidad y la visión del mundo de los individuos. Desde el nacimiento, el estado psicológico y el equilibrio emocional de los padres establecen las bases fundamentales de esta relación. Esta interacción inicial resulta crucial, ya que moldea directamente la habilidad de cada persona para vincularse con su entorno y adaptarse a las diversas situaciones que enfrentará a lo largo de su existencia. Por lo tanto, la estabilidad afectiva de quienes ejercen el rol de cuidadores durante la infancia es el componente más relevante en el proceso de crecimiento personal y en la configuración de las capacidades sociales futuras.
Source : El Universo
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