La sociedad ha experimentado una transición gradual hacia la desconexión presencial, un fenómeno que se intensificó con la crisis sanitaria global. Aunque la tecnología sirvió como un mecanismo de supervivencia esencial durante el confinamiento, permitiendo mantener actividades laborales, educativas y personales, su uso constante ha alterado nuestra forma de relacionarnos. El texto sostiene que la pandemia no originó la dependencia digital ni el aislamiento, sino que precipitó tendencias preexistentes. El conflicto surge al haber normalizado estas herramientas de emergencia como un sustituto permanente de la interacción cara a cara, lo que ha dejado a la humanidad con dificultades para retomar las dinámicas sociales previas a la digitalización masiva de la vida cotidiana.
Source : La Razón (BO)

