Guillermo Flores, un comerciante de 54 años que opera en Chicago, ha visto afectada su actividad económica debido a la presencia de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en su zona. A pesar de cumplir con sus obligaciones fiscales, poseer una licencia comercial vigente y contar con una licencia de conducir desde hace más de una década, el trabajador ha optado por permanecer en su hogar durante varios días para evitar posibles detenciones. Flores, quien se dedica a la venta de frutas y aperitivos en la vía pública desde hace 16 años, asegura que el temor a las redadas migratorias limita directamente sus ingresos y su capacidad para trabajar con normalidad en las calles de la ciudad.
Source : La Nación
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