Un padre divorciado relata una situación familiar compleja que involucra a su hijo adolescente. Tras un altercado intenso con su madre, abuela y tía, el joven expresó una profunda sensación de incomprensión y malestar. El progenitor, al recibir llamadas angustiadas de sus familiares, intervino para dialogar con el menor. Durante la conversación, el adolescente manifestó frustración por su realidad personal, comparándola negativamente con la percepción que tiene sobre la vida de sus amigos. Este testimonio ilustra las tensiones habituales en la etapa de la adolescencia, donde los problemas cotidianos son magnificados por los jóvenes, generando crisis emocionales que requieren la mediación y el acompañamiento de los adultos responsables para gestionar el conflicto y las expectativas personales.
Source : El Comercio (EC)


