El Tribunal Supremo de China ha determinado que la utilización de voces o rostros creados mediante inteligencia artificial para difamar o engañar constituye un delito. Según la agencia Xinhua, la normativa penaliza la creación y difusión de clones digitales sin autorización previa. Asimismo, el máximo órgano judicial abordó el problema de las denominadas alucinaciones, donde los sistemas generan datos falsos o erróneos. Bajo este nuevo marco, los proveedores de tecnología deberán asumir responsabilidades legales si omiten medidas correctivas tras recibir notificaciones sobre contenidos que vulneren derechos de terceros. La regulación también establece que los usuarios finales podrían enfrentar consecuencias legales si emplean estas herramientas para actividades ilícitas, marcando un precedente importante en la gestión de riesgos asociados a la industria de la inteligencia artificial.
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