El éxito de las estrategias económicas gubernamentales no depende exclusivamente de su diseño técnico, sino fundamentalmente de la credibilidad que la autoridad genera ante la ciudadanía. Diversos estudios académicos han demostrado que una política bien estructurada puede fracasar si los agentes económicos prevén que el gobierno se apartará de sus compromisos por conveniencia política. Elementos como la autonomía de las entidades monetarias, una comunicación coherente y la estabilidad en las expectativas son esenciales para reducir la inflación y la volatilidad financiera. Generalmente, las administraciones comienzan sus mandatos con un capital de confianza elevado, el cual resulta crucial para implementar reformas efectivas. En última instancia, la percepción pública sobre la consistencia de los gobernantes altera el equilibrio del mercado incluso antes de que las medidas sean ejecutadas formalmente.
Source : La Razón (BO)


