Ante la creciente inestabilidad en pasos marítimos estratégicos como Ormuz y Bab al Mandeb, diversas potencias asiáticas están buscando alternativas para asegurar su comercio global. Según Jane Nakano, experta del CSIS, países como China y Corea del Sur han comenzado a utilizar la ruta ártica para conectar con Europa, evitando los cuellos de botella tradicionales. Paralelamente, China e India han vuelto a considerar la navegación alrededor del continente africano, específicamente a través del cabo de Buena Esperanza, para garantizar el suministro de recursos energéticos como el petróleo. Esta estrategia de diversificación responde a la necesidad de mitigar los riesgos derivados de la interrupción de las vías marítimas convencionales, que actualmente enfrentan serias complicaciones geopolíticas que amenazan la cadena de suministro internacional.
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